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Centro Financiero
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Si los agresores suelen venir de hoga-
res violentos y con carencias afectivas,
una forma de prevención implica edu-
car en la importancia de brindar afecto
a los hijos, de disciplinar sin violencia,
de resolver conflictos de forma pacífi-
ca; aprender comunicación asertiva,
auto-control, respeto, tolerancia y for-
talecer la autoestima.
Si los patrones culturales fomentan en
las mujeres la sumisión y pasividad, el
aprender a ser asertivas y proactivas, a
empoderarse por medio de educación
y desarrollar habilidades para generar
mejores ingresos fomentaría relacio-
nes de pareja más sanas y equilibra-
das.
La implementación de la Escuela para
Padres en el barrio de Curundú, como
programa piloto para dotarlos de herra-
mientas que fotalezcan sus familias y
promuevan los valores de convivencia
pacífica, ha demostrado ser eficaz en la
reducción de la violencia, en la mejorìa
de la comunicación intra y extrafamiliar
y en el compromiso de los padres con
su rol de formadores.
Ya hemos hablado bastante sobre la
violencia. Más allá del aumento de las
penas o castigos (cuya eficacia aún no
se comprueba), del uso de los grilletes
(válidos para la protección de la vícti-
ma del momento) y de aprobar leyes
que no cuentan con el respaldo de los
recursos necesarios para su adecuada
implementación, ¡necesitamos enfo-
carnos en la prevención!
Implementar escuelas para padres en
los centros educativos del país, parece
ser una vía eficaz que complementaría
los esfuerzos de mejorar el entorno y
oportunidades laborales de nuestros jó-
venes. Agradecemos a los bancos que
apoyan este programa y los alentamos
a continuar. Invitamos a otros a que se
sumen. Ojalá pudiéramos extenderlo a
otras áreas donde urgen.
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