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Centro Financiero
determinen, un libro que se llamará
“Registro de Acciones”, en el que se
anotarán, salvo en el caso de acciones
emitidas al portador, los nombres de
todas las personas que son accionistas
de la compañía, por orden alfabético,
con indicación del lugar de su domici-
lio, el número de acciones que a cada
uno de ellos le corresponde, la fecha de
adquisición y la suma pagada por ella o
que las acciones son totalmente paga-
das y liberadas. En el caso de acciones
emitidas al portador, el Registro de Ac-
ciones indicará el número de acciones
emitidas, la fecha de la emisión y que
las acciones han sido totalmente paga-
das y liberadas”.
Por tal razón, previo a la adopción y en-
trada en vigencia de la Ley, de manera
tradicional, la legislación ha conferido
la presunción de propiedad de las ac-
ciones al tenedor del certificado, que no
es más que el documento que legitima
dicha propiedad y da como accionista a
quien tenga en su poder el certificado
de acciones. Es por ello que el artículo
30 de la Ley de Sociedades Anónimas
dispone que “La cesión de las acciones
al portador se verificará por la sola tra-
dición del título”.
Dicha regulación ha legitimado el tras-
paso de la propiedad de las acciones
emitidas al portador por medio de la
“tradición”, es decir, la simple entrega
del certificado sin ningún otro requisito
o formalidad para materializar la cesión
o transferencia de la propiedad de las
acciones, dando como resultado que el
cesionario se convierta en accionista
ante la sociedad. Este efecto no ocu-
rre con las acciones emitidas en forma
nominativa, ya que de la Ley de Socie-
dades Anónimas deriva que para que
el traspaso de la propiedad accionaria
tenga eficacia frente a la sociedad es
necesario que se le notifique al ente le-
gal y así se haga constar en el registro
de accionistas. En tal virtud, la socie-
dad tendrá siempre como accionista o
propietario de las acciones emitidas en
forma nominativa a la persona que apa-
rezca registrado como tal en los libros
de la sociedad.
La tradición a la que alude el artículo
30 de la Ley de Sociedades Anónimas
tiene sus raíces en la “traditio”; el más
importante modo de adquirir la propie-
dad de un tercero en la antigua Roma
y en los Derechos de Gentes, como
comenta el jurista Manuel Osorio en su
Diccionario de Ciencias Jurídicas, Polí-
ticas y Sociales: “Para lograr la propie-
dad de una cosa perteneciente a otra
persona, era necesario que a la toma
de posesión por parte del adquiriente
(accipiens), se uniese el abandono por
parte del enajenante (tradens); es decir,
que éste tuviese la intención de trans-
ferir la propiedad a aquel. El elemento
material de la tradición era el acto ex-
terno de la entrega”.
Así, dentro del contexto de la norma,
la “tradición del título” consistiría en el
acto físico, material, de la entrega del
certificado de acción, acompañada de
la intención y el ánimo del tenedor de
desprenderse y transferir al adquiriente
o cesionario su propiedad sobre las ac-
ciones representadas por el documento
para hacer a este dueño de las accio-
nes. De ahí que se presume como su
propietario a quien tenga en su poder el
título accionario al portador.
De lo expuesto se deduce que, tradicio-
nalmente, la reserva de la identidad o
anonimato del titular de la acción y el
traspaso del certificado por la simple
entrega han constituido la esencia de
las acciones emitidas al portador.
TRANSFERENCIA DE LAS ACCIO-
NES EMITIDAS AL PORTADOR DE
CONFORMIDAD CON LA NUEVA
LEGISLACIÓN
A partir de la entrada en vigencia de
la Ley, los elementos característicos
de las acciones emitidas al portador
que hemos comentado han sufrido una
sustancial alteración, al institucionali-
zarse la inmovilización de los certifica-
dos de acciones mediante su entrega
al custodio autorizado, como quedó
explicado. Con ello, la transferencia
de dichas acciones ya no se dará con
la simple entrega del título accionario.
Ahora, será necesaria la comunicación
al custodio autorizado por el propieta-
rio, acompañada de una declaración
jurada sobre la identidad del nuevo ti-
tular en los términos descritos cuando
comentamos dicho documento, para
que el custodio haga en sus registros
la anotación de la cesión y cambio de
propiedad. Así lo señala el artículo 12
de la Ley que, por cierto, es el único
que trata la materia: “Además de lo
dispuesto en el artículo 30 de la Ley
32 de 1927, la transferencia de las ac-
ciones emitidas al portador se perfec-
cionará cuando el custodio autorizado
sea formalmente notificado por escrito
de tal transferencia por el propietario,
y el adquiriente entregue al custodio
autorizado la declaración jurada a que
se refiere el numeral 1 del artículo 9”.
Como se recordará, el artículo 30 hace
alusión a la entrega del título para ma-
terializar la transferencia de las accio-
nes al portador. En tal virtud, bajo la
nueva legislación, el traspaso en cues-
tión se producirá por ficción legal si el
adquiriente mantiene al mismo custo-
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