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Centro Financiero
beneficiario, que puede ser el propio
fideicomitente”.
Dicho de otra forma,
se puede redactar a un cliente un
testamento que crea la obligación de
transferir, “mortis causa”, bienes a un
Fiduciario, después de la muerte del
cliente. Pero este documento debe se-
guir rigurosamente los requisitos que
el Código Civil establece para los tes-
tamentos, y debe llevarse consecuen-
temente el tema a los tribunales de
justicia al momento del deceso. Esta
opción no permite eludir el proceso
judicial hereditario, que es justo lo que
muchas veces desea una familia, para
evitar los sinsabores de este proceso.
b) La Fundación de Interés Privado (lo
cual es permitido en el artículo 4 de la
Ley 25 de 1995). Este artículo reza así:
“Las fundaciones de interés privado
podrán constituirse para que surtan
sus efectos, desde el momento de
su creación o después de la muerte
de su fundador, por cualquiera de
los siguientes métodos: 1. Median-
te documento privado suscrito por
el fundador, cuya firma deberá ser
autenticada por notario público de
lugar de su constitución. 2. Directa-
mente ante notario público del lugar
de su constitución. Sea cual fuere el
método de la constitución, deberán
cumplirse las formalidades que para
la creación de las fundaciones se es-
tablecen en la presente Ley. En caso
de que la fundación sea creada, ya
sea por documento público o privado,
para que surta efecto después de la
muerte del fundador, no se requeri-
rán las formalidades previstas para
el otorgamiento de testamento”.
Con
ello, una fundación de interés privado
puede ser creada, sin necesidad de
cumplir con las rigurosas exigencias
del Código Civil en materia de tes-
tamentos, para ser posteriormente
alimentada de bienes (certificados de
acciones o participaciones, propieda-
des inmobiliarias, propiedades intelec-
tuales, dinero en efectivo en bancos,
etc.), que al momento de la muerte del
cliente no necesitan pasar por proceso
judicial sucesorio alguno.
La fundación puede ser legataria y
heredera en los testamentos, lo cual
crea una estructura de planeación
hereditaria bonita, pero este esquema
no excluiría el proceso hereditario a la
muerte del cliente fundador. En teoría,
el cliente fundador podría dejar prepa-
rados todos los documentos de tras-
paso de bienes hacia la fundación e,
inclusive, dejar a la fundación lista en
documento privado ante notario, sin
inscribirse en el Registro Público. En
este caso, de forma bastante intere-
sante, la ley de fundaciones de interés
privado reza en su artículo 13 lo si-
guiente:
“…, cuando la fundación ha
sido creada para que surta efectos
después de la muerte del fundador,
éste tendrá, en forma excluyente e
ilimitada, el derecho de revocarla.
Los herederos del fundador no ten-
drán derecho a revocar la creación
o las transferencias, aun en el caso
de que la fundación no haya sido ins-
crita en el Registro Público antes del
fallecimiento del fundador”.
Y es que la sucesión por causa de muer-
te sigue reglas rigurosas en Panamá. La
norma general es que la única forma de
transmitir bienes a los herederos, es a
través de testamento, el cual en Panamá
es libre e ilimitado, sea a título de heren-
cia o legado (y no está sujeto a tributación
como escribimos arriba en el presente ar-
tículo); y para quienes no hayan formali-
zado un testamento, a través de sucesión
intestada. Es decir que, a quien fallezca
sin haber instrumentado testamento, le
heredan sus parientes, primero en línea
recta descendente y ascendente, y su
cónyuge, después los colaterales, y de
último el Municipio.
Aunque no es un tema hereditario, el cón-
yuge hereda un poco más, en virtud de
la disolución del vínculo matrimonial por
causa de muerte, que otorga 25% al cón-
yuge sobreviviente (en virtud del régimen
económico matrimonial de ‘participación
en las ganancias’, según el Código de la
Familia, artículo 111).
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