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Centro Financiero
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El Fideicomiso de Administración de
Patrimonios Sucesorios merece un
artículo especial, de mayor contenido
académico. En este artículo sólo ha-
cemos explicaciones superficiales. El
artículo 10 de la Ley 1 de 1984 reza:
“El fideicomiso que haya de producir
efecto después de la muerte del fidei-
comitente, debe ser constituido por
medio de un testamento. Podrá, ade-
más, constituirse por medio de un ins-
trumento privado, sin las formalidades
del testamento, en el caso en que
el
fiduciario sea una persona autoriza-
da para ejercer el negocio de fidei-
comiso”
. Es decir, que siempre que
el Fiduciario nombrado en el instru-
mento de Fideicomiso sea de aquellos
que ostentan licencia expedida por la
Superintendencia de Bancos de Pa-
namá, los bienes legalmente traspa-
sados al Fideicomiso, como patrimo-
nio en afectación autónomo, quedan
fuera de todo procedimiento judicial
hereditario, para conveniencia de los
familiares o seres queridos del cliente
o fideicomitente. Para que este Fidei-
comiso ‘mortis causa’ produzca efec-
tos respecto a terceros, el documento
solamente debe ser autenticado por
notario público panameño. Una cláu-
sula sencilla en el instrumento de Fi-
deicomiso puede leer: “En caso de fa-
llecimiento o pérdida comprobada de
capacidad mental de discernimiento
del Fideicomitente y Beneficiario Prin-
cipal del Fideicomiso, sus derechos se
transferirán a los Beneficiarios…” (y
escribir allí sus nombres y generales
para que no haya lugar a confusión).
Y esta redacción elude cualquier trá-
mite judicial, testamentario o sin tes-
tamento, a la muerte del cliente. Re-
comendamos, en consecuencia, que
para propósitos hereditarios, se visite
siempre a un Fiduciario que esté de-
bidamente regulado, que goce de una
licencia formal.
Hay jurisprudencia abundante de los
tribunales superiores de justicia y de
la Sala Primera de la Corte de Justicia
de Panamá, que deciden sobre expe-
dientes judiciales cuando se discute
la legalidad o ilegalidad, o nulidad, de
testamentos en que el testador adju-
dica bienes en herencia a “terceros”,
con la condición de que estos “terce-
ros”, una vez fallecido el testador, los
administre por un tiempo para el be-
neficio de “tal persona” (real legata-
rio o heredero). La Corte Suprema ha
interpretado que estas adjudicaciones
hereditarias constituyen realmente un
“fideicomiso”, porque se ciñen exac-
tamente a lo definido en el Artículo 1
de la Ley No. 1 de 1984 que lee:
“El
fideicomiso es un acto jurídico en
virtud del cual una persona llamada
fideicomitente transfiere bienes a
una persona llamada fiduciario para
que los administre o disponga de
ellos en favor de un fideicomisario o
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