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Centro Financiero
Es el artículo 699 (en adición del 702 y
708) del Código Civil el que pone la pauta
general, que deja constatado que es el
testamento el único modo de disponer
de los bienes para después de la muerte,
que el testamento es un acto persona-
lísimo y que debe seguir la ‘forma’ que
obliga la ley. Este artículo de ley es apo-
yado y afianzado por el Derecho absoluto
de Propiedad, consagrado en el 337 del
Código Civil que permite a todo individuo
el gozar y disponer libremente de sus bie-
nes sin más limitaciones que las estable-
cidas en la Ley, inclusive en virtud de su
muerte. Igualmente, es enfático el 1106
del Código Civil, que consagra la libertad
contractual, en que todas las personas
de Derecho Privado pueden establecer
los pactos, cláusulas y condiciones que
tengan por conveniente,
siempre que no
sean contrarios a la ley, a la moral ni al
orden público.
En el caso de herencia de
certificados de participación de socieda-
des de Derecho Privado, el Código de Co-
mercio (artículo 521) reconoce el derecho
del heredero del socio fallecido a conti-
nuar como socio, a opción y aprobación
de éste, en reemplazo del causante.
Y para cada muerte, hay que contratar a
un abogado y cumplir con los procesos
sucesorios (costosos y prolongados), la
administración de la herencia yacente,
la presentación, apertura, autenticación y
protocolización de testamentos, hacer in-
ventarios, avalúos (con el nombramiento
de los correspondientes peritos de parte y
del tribunal), partir los bienes, pagar deu-
das hereditarias y esperar a que el juez
de la causa dicte resoluciones para la
adjudicación y transferencia de bienes a
los herederos, con la necesidad de cubrir
cargas impositivas para conseguir paz y
salvos, sobre todo con las propiedades
inmobiliarias. Esto debe cumplirse tanto
para personas domiciliadas en Panamá al
momento de su fallecimiento, como para
personas con bienes en Panamá, aunque
residan en el extranjero. Además de todos
estos procedimientos, hay que añadir que
en el proceso judicial hereditario, hay que
informar del proceso al público en gene-
ral a través de diarios de circulación na-
cional, lo cual conlleva la participación de
cualesquiera personas interesadas, cuya
presencia encarece aún más el procedi-
miento. No pocas veces hay sorpresas al
abrirse estas pretensiones hereditarias,
al comparecer a juicio presuntos “here-
deros” del fallecido cliente, situaciones
que crean escenarios embarazosos que
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