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Centro Financiero
Ello, producto de la delicada situación
presupuestaria de aquellas naciones
que, como remedio a dicha crisis, opta-
ron por implementar agresivas políticas
contra cíclicas tanto para paliar el karma
del desempleo promoviendo la actividad
económica, cuanto para generar estabili-
dad financiera saliendo al salvataje de los
bancos afectados, entre otros objetivos.
Por caso, se estima que los EE.UU. inyec-
taron, por medio de la Reserva Federal,
unos 3 billones de dólares americanos
(un billón es un millón de millones) vía el
sistema financiero para reactivar la eco-
nomía y unos U$S 300.000 millones por
intermedio del Departamento del Tesoro
a efectos de salvar a los bancos con acti-
vos intoxicados.
Ese páramo de riqueza llegó a plasmar-
se en que, según estimaciones del Ban-
co Mundial, en el 2010, el déficit presu-
puestario global consolidado se estimó
en aproximadamente U$S 4,5 billones, es
decir alrededor del 7% del PBI mundial. Si-
tuación insostenible en el mediano plazo.
Esta delicada situación se ve agravada
por los persistentes flujos de evasión que
año tras año son ocultados a las respecti-
vas autoridades fiscales de los diferentes
países. Según el informe The Cost of Tax
Abuse, elaborado por la organización Tax
Justice Network, en noviembre de 2011,
el flujo anual de dinero no declarado a ni-
vel mundial rondaría los US$ 3,1 billones,
monto que equivale a casi un 5% del PBI
global.
De esa cifra total, unos US$ 2 billones
se concentran en diez de los países más
desarrollados del mundo (G7 sin Canadá
más Rusia, Brasil, China y España), esti-
mación calculada aplicando una alícuota
impositiva promedio sobre un estimado
del nivel de la economía informal de cada
jurisdicción evaluada en porcentajes del
PBI (Ver Gráfico 1).
La información acerca del nivel de infor-
malidad de cada país fue tomada de un
trabajo realizado por el Banco Mundial
denominado Shadow Economies all Over
the World (Economía en las Sombras en
Todo el Mundo) publicado a mediados del
2010. Del mismo surge que el promedio
simple de la economía informal de los
países del G7, tomado como porcentaje
sobre PBI, es del orden del 15% versus
un 40 % de los países de Latinoamérica.
Asimismo de dichos estudios se pue-
de inferir, por ejemplo, que los países
miembros del G7, con el mencionado
porcentaje de informalidad, aportan a los
mencionados flujos de evasión mundial
un porcentaje cercano al 45 %, siendo
que nuestra región, excluyendo a Brasil,
aporta no más de un 3 %.
¿Hay un doble discurso?
Complementariamente, el documento
The Price of Offshore Revisited, también
de la organización Tax Justice Network,
incluye estimaciones acerca del dinero
administrado en los denominados cen-
tros “off-shore” o “paraísos fiscales” y
calcula que el stock de activos financie-
ros colocados hoy en dichos centros os-
cila entre los US$ 21 y 32 billones, de los
cuales unos US$ 12 billones son adminis-
trados por los cincuenta bancos privados
más importantes del mundo.
Según dicho informe, el principal apor-
tante de capitales a esos centros off-
shore es China (alrededor de US$ 1,2
billones) seguido por Rusia, Korea y Bra-
sil. Nuestro país, la República Argentina,
ocupa el octavo lugar aportando la nada
despreciable suma de US$ 400 mil millo-
nes (Ver Gráfico 2).
Las ventajas ofrecidas por dichas plazas,
propias también de ciertos países del
mundo desarrollado, han permitido atraer
presuntamente no sólo fondos de origen
legal, declarados o no ante los fiscos,
sino también fondos de origen delictivo.
Paradójicamente, en muchos casos esos
fondos terminan financiando no sólo los
mencionados déficits de los países del
Gráfico 1. Evasión Impositiva - Top Ten
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