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Centro Financiero
Gente ha comparado a Rivera con Mi-
chael Jordan y Wayne Gretzky en cuan-
to a la entrega de su creciente talento
y cuán indispensable él ha sido para su
equipo. Explicando la mística de Rivera
lleva a otros a buscar analogías fuera del
deporte para describir lo indescriptible,
comparando su arte con el de famosos
músicos y pintores, su tenacidad y dureza
mental con los de los Navy SEALs - los
que acabaron con Bin Laden -, su juego
de manos con la prestidigitación de un
Harry Potter o Houdini.
El mismo Rivera fue sucinto y directo
acerca de su trabajo: “Yo tomo la bola,
lanzo la bola, y luego tomo un baño en la
regadera”.
Para fanáticos que crecieron siguiendo al
Nº. 42 o que lo han seguido durante las
19 últimas temporadas, él se ha conver-
tido en la personificación de los Yankees
en su mejor posición: no el costoso equi-
po de Estrellas emparchado que correteó
a jugadores como Randy Johnson, Gary
Sheffield y Kevin Brown, si no el equipo
que definieron Rivera, junto con Derek
Jeter, Andy Pettitte, Jorge Posada y Ber-
nie Williams. El equipo siempre vino de
primero para estos Yankees de nacimien-
to y ellos siempre jugaron con dedicación
de hermanos y orgullo colectivo.
El retiro de Rivera es un momento de me-
lancolía para los Yankees y sus fanáticos.
Williams se retiró en el 2006, Posada jugó
hasta el 2011 y Pettitte lanzó su último
juego hace poco. Jeter será el único que
retornará el próximo año - y a un equipo
que necesita reimaginación y reconstruc-
ción y posiblemente destinado a algunos
largos años en la selva del béisbol.
El que el adorado y aparentemente joven
Sandman esté retirándose este año no
solamente significa el final de una era de
oro si no también nos recuerda del rápido
e imperdonable paso del tiempo. El final
perfecto que todos esperaban después
del homenaje a Rivera, el inolvidable do-
mingo 22 en el estadio de los Yankees,
era un triunfo para Andy (Pettitte) y un
salvamento para Mariano; pero eso no iba
a suceder. Y no obstante, la extensa na-
rrativa de la carrera de Rivera permanece
como una de libro de cuentos.
Hijo de un pescador, creció jugando béis-
bol en una playa en Panamá con un car-
tón de leche como manilla, un pedazo de
palo como bate y lo que estuviera dispo-
nible como pelota; después de haber sido
firmado por un buscador de los Yankees
por $3,500, hizo su aprendizaje en las
menores, se unió a los Yankees y luchó
al principio, y después repentinamente
alcanzó su paso. Gana un campeonato en
1996 como lanzador intermedio de John
1...,34,35,36,37,38,39,40,41,42,43 45,46,47,48,49,50,51,52,53,54,...64
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