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la medida con tal precisión e infinitud de
detalle, que despistaba aún al más astuto,
bellaco y experimentado bateador.
Era también un lanzamiento que acentua-
ba una fusión casi perfecta de carácter
y estilo. Como el director de los Yankees
Joe Girardi ha señalado, el béisbol es lo
que el profundamente religioso Rivera
hace, no es lo que él es. Pero quien Ri-
vera es - un consumado profesional, es-
toico, enfocado, dedicado y en paz con
él mismo - ha impreso indeleblemente
la forma en que ha hecho su trabajo: su
consistencia y longevidad sin paralelos,
su gracia bajo presión y su habilidad para
regresar de la adversidad, ya sea un sal-
vamento perdido o su potencialmente de-
vastadora rotura de ligamento en el 2012.
A lo largo de los años, la aritmética de la
carrera de Rivera ha sido deslumbrante:
652 salvados en temporadas regulares,
incluyendo 44 en esta temporada a los 43
años de edad. Sus números de postem-
porada han sido aún más asombrosos: 42
salvamentos, con un promedio de carre-
ras limpias de 0.70 en 141 episodios que
desafía la inteligencia. Los Yankees no
habrían ganado cinco campeonatos des-
de 1996 al 2009 sin él: logró poner fuera
al último bateador en las cuatro últimas
de esas Series Mundiales.
Pero la matemática sola no puede comu-
nicar los logros de Mariano, su control de
la bola casi del otro mundo o su aura como
un gran guerrero, caballero y “mensch”
(persona agradable por su fortaleza y
firmeza en Yidish). Colegas, fanáticos y
periodistas han luchado para encontrar
palabras para transmitir sus logros, y su
corazón su alma y su voluntad - su férrea
determinación en el montículo y su humor
y su gracia fuera del campo de juego.
Robin Roberts, de la cadena ABC, seña-
ló que era más raro anotar una carrera
limpia a Rivera en la postemporada que
caminar a la luna. El ex director de los
Mets de Nueva York, Bobby Valentine una
vez dijo: “Más nadie puede lanzar un cut-
ter a 94 millas por hora. Es como obser-
var pájaros en una tierra extranjera. No
se le puede entender”. El compañero de
equipo de Rivera, David Robertson, quien
puede heredar su puesto, lo llamó “el ser
humano más consistente que haya juga-
do béisbol”.
Un analista de béisbol atribuyó el éxito de
Rivera a las “tres Cs” - “control, control,
control”. Otro lo atribuyó a las “cuatro
Cs” - confianza, concentración, control y
competitividad”. A lo que un fanático de
los Yankees pudiera añadir aún más al-
teración: constancia, calma, clase, com-
postura, continuidad y completo control
de su oficio.
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